|
Don Pedro de Estopiñán. Conquistador de Melilla
por Augusto Subías, Escolapio
Don Pedro de Estopiñán Virués, nació en Jerez de la Frontera en el decenio de 1460-70. Fueron sus padres Don Ramón de Estopiñán Vargas y Doña Mayor de Virués, de distinguida familia jerezana.
Por línea paterna, descendía del Barón del Castillo de Estopiñán, en el Alto Aragón. Pero la rama de la que procedía Estopiñán llevaba varias generaciones establecida en la ciudad de Cádiz. El abuelo, llamado Bartolomé Estopiñán Bernalte, tomó parte en varias expediciones africanas, al servicio del Rey de Portugal, que le hizo merced de la Orden de Cristo. Y Bartolomé de Estopiñán, hijo del anterior y tío por tanto de Don Pedro, sirvió también al Rey de Portugal en las conquistas de Africa, rnuriendo de Capitán en la plaza de Mazagán en 1478.
Otro Bartolomé de Estopinán, hermano de Don Pedro, acompañó a Pedro de Vera en la conquista de las Islas Canarias, mientras que otros parientes menos afortunados, Bartolomé y Juan Manuel Estopiñán, morirían años después en el ataque y defensa de la plaza de Larache.
En medio de este ambiente en el que el relato de las empresas africanas, presentes o pasadas, era tema frecuente de las conversaciones familiares, transcurrió la juventud del futuro conquistador de Melilla, que al llegar a la edad oportuna, casó con Doña Beatriz Cabeza de Vaca, de la que tuvo seis hijos y una hija. Don Pedro entró muy joven al servicio de Don Enrique de Guzmán, Duque de Medina Sidonia y Conde de Niebla.
Eran los Medina Sidonia descendientes del héroe de Tarifa Don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno. Emparentados con los Reyes de España, formaban una de las casas de nobleza más importantes y se decía que sus rentas, en esta época, eran las mayores de Europa.
Las excelentes prendas que adornaban a Don Pedro de Estopiñán, a quien los cronistas de la casa ducal califican de "hombre bien entendido e diligente en toda cosa..." movieron a los Duques a nombrarlo su Contador Mayor, con la importante responsabilidad de llevar las cuentas de las rentas ducales.
Se ha supuesto que Pedro de Estopiñán acompañara al Duque Don Enrique en las campañas de Málaga y Granada. Pero esto no pasa de ser una suposición, no confirmada hasta ahora documentalmente. En cambio, parece más que razonable que en su calidad de Contador Mayor de la casa ducal, Estopiñán interviniera activamente en la preparación de los importantes refuerzos de tropas, vituallas y dineros con los que el Duque de Medina Sidonia ayudó a los Reyes en la conquista de aquellas ciudades.
En 1492, con la rendición de Granada a los Reyes Católicos se ponía fin a la larga guerra de Reconquista que había durado ocho siglos. Razones políticas y estratégicas y el deseo de prevenir en el futuro nuevas invasiones, movieron a los Reyes a apoderarse en la costa norteafricana de cierto número de plazas que sirvieran como centinelas avanzadas de la seguridad nacional. Y con este fin, enviaron emisarios al otro lado del estrecho para que les informaran de la situación de aquellas costas por haber tenido noticias de que la ciudad de Melilla estaba despoblada a consecuencia de las continuas guerras entre los Reyes de Fez y Tlemecen, en cuyas fronteras se encontraba.
Noticioso el Capitán General de Andalucía, Don Juan Alonso de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de ocupar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo, a cuyo efecto, una vez obtenida la autorización real, comisionó a su Contador Don Pedro de Estopiñán para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader.
Decidido el Duque a efectuar a su costa la conquista de Melilla, mandó juntar, dice Barrantes, cronista de la Casa Ducal:
"cinco mil hombres de o pié e alguna gente de a cavallo, e mandó aparejar los navíos en que fuesen, e hízolos cargar de mucha harina, vino, tocino, carne, acgte e todos los otros mantenimientos necesarios, e de artillería lançças, espingardas e toda monición (...). Así mismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal e madera para reedi5car la cibdad. E con toda esta armada e gente partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato, del Puerto de San Lucar, en el mes de Septiembre del año 1497 e hízolos buen tiempo, e se detuvieron en el mar para no llegar de día, e allegando la noche, la primera cosa que hizieron,
fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encaxaban e tablazón que llevaban hecho de Hespaña. E trabaxaron toda la noche de los hacer y poner a la redonda de la muralla derribada a la parte de fuera, donde andaban los alárabes... e cuando el otro ch'a amaneció, los moros alárabes que andaban por los campos, que habían visto el día antes Melilla asolada, e la vieron amanecer con los muros e torres, e sonar atambores e sonar artillería, no tuvieron pensamiento que estuvieran en ella cristianos sino diablos, e huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que habían visto...".
"E diose tanta prisa y diligencia en hacer los adarves, que en pocos días se puso la obra en tal altor, que cuando los moros se juntaron e vinieron a dar sobre ellos, se pudieron muy bien defender en su Cibdad... e ansí peleando e trabaxando en las obras, acabaron de reparar los adarves e torres.
E costó al Duque de Medina Don Juan de Guzmán, doce cuentos de maravedís solamente reedificar a Melilla de muralla, cava e barrera, e quedando por Alcaide el Capitán Gómez Suárez, criado del Duque de Medina e Alcaide de la su villa de Chiclana, esforzado cavallero e diestro en la guerra, se tornó Pedro de Estopiñán a dar cuenta al Duque su Señor de lo que quedaba hecho...".
Tuvo lugar la conquista de Melilla el 17 de Septiembre de 1497, hecho del que recibieron gran satisfacción los Reyes Don Fernando y Doña Isabel, que por aquellos días pasaban por el amargo trance de haber perdido a su hijo y heredero, el Príncipe Don Juan, y en carta enviada al Duque con fecha de 18 de Octubre del mismo año le decían:
"Os certificamos que el servicio que nos hicisteis en la toma de Melilla y el plazer que hobimos con la buena nueva que nos enviasteis, nos ha aprovechado para templar en algo el dolor que tenemos, porque esperamos en Dios, que desto, será mucho servido...".
En consideración a sus servicios en la conquista de Melilla, los Reyes hicieron merced a Don Pedro de Estopiñán de una encomienda de la Orden de Santiago. También fue recompensado con el nombramiento perpetuo de "Veinticuatro de Jerez". Esta última gracia lleva fecha de 21 de Octubre de 1497 y se conoce el texto de la Real Merced.
"Don Fernando y Doña Isabel, por la Gracia de Dios, Rey y Reyna de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias...etc. (siguen los diversos titulos) ... por fazer bien e merced a vos Pedro de Estopiñán, acatando vuestra suficiencia e fidelidad, e algunos servicios que nos avedes fecho e fazedes de cada día, e especialmente el servicio que nos feziste en la toma de Melilla, en alguna enmienda e remunerazión dellos, tenemos por bien e es nuestra merced e voluntad, que de ahora e de aquí en adelante, para toda vuestra vida, seades Veinticuatro de la nuestra Cibdad de Xerez de la Frontera...".
En la vida de Don Pedro de Estopiñán existen grandes lagunas, aunque sabemos que siguió simultaneando sus servicios a los Duques y a los Reyes. En 1503, desde Gerona, le escribía el Rey Fernando, apremiándole para que al frente de una Armada acudiera en socorro de la plaza de Salses, sitiada por Luis XII de Francia. Estopiñán cumplió su cometido con la diligencia que le era particular.
El conquistador de Melilla se afinca en Jerez y su nombre aparece de vez en cuando en las Actas del Cabildo de la ciudad. En la del 7 de Diciembre de 1504, Pedro de Estopiñán, en nombre del Duque de Medina Sidonia, su señor, tiene el triste privilegio de comunicar a la ciudad la desconsoladora noticia del fallecimiento de la Reina Isabel la Católica, la más insigne de las Reinas de España.
Pero la muerte rondaba también al Comendador Don Pedro de Estopiñán. En los últimos días del mes de Agosto de 1505, en cumplimiento de un voto, Don Pedro, en unión de su hermano, el Capitán Bartolomé de Estopiñán, llegaba al monasterio de Guadalupe, donde falleció repentinamente el día 3 de Septiembre. Fue enterrado en la iglesia del monasterio, en el segundo arco de la capilla de Santiago, inmediato a la de Santa Ana, donde una lápida de azulejos de Talavera recuerda al conquistador de Melilla: "Hic iacet Don Pedro de Estopiñán. Caballero y Contador del Duque de Medina Sidonia...". Desde 1505, en el monasterio de Guadalupe reposan los restos de Don Pedro de Estopiñán, a la sombra de la Virgen guadalupense.
El nombre del ilustre jerezano ha quedado unido para siempre al de la ciudad de Melilla; como Melilla, por la diligencia y el valor de Don Pedro de Estopiñán, quedó para siempre unida a la nación española, de la que forma parte inseparable.
Y la memoria de este buen jerezano queda vinculada para siempre al pueblo de Estopiñán, territorio de Ribagorza, en esa coincidencia de patronímico con gentilicio, pues la raiz de los Estopiñán sale, como hemos afirmado desde el principio, de Estopiñán; valga la redundancia.
Ese lugar entrañable para cuantos hemos tenido allí nuestra cuna.
|