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El Santuario de Torreciudad
por extracto del texto de José A. Vidal-Quadras
Historia de Torreciudad
En la documentación medieval que se conserva se llama Civitas (topónimo del que derivó más tarde
el Turris Civitatis, Torreciudad) al baluarte que los invasores musulmanes tenían para defenderse de los cristianos que
desde el norte pugnaban por reconquistar las tierras que los árabes les habían arrebatado.
En el 1084 los cristianos, terminada la reconquista de la zona, entronizaron la imagen de la Virgen en la ermita que se conserva todavía.
Según la tradición, refrendada por estudios históricos, la talla de la Virgen fue venerada con anterioridad a 1084. A raíz
de la dominación árabe, fue escondida y posteriormente recuperada, cerca de la ermita, una vez reconquistada la zona por los cristianos.
Con la conquista en el 1100 del núcleo de Barbastro y alejada, por tanto, la frontera con los musulmanes, perdió Torreciudad la utilidad
militar que había tenido durante una generación como atalaya y punta de lanza de la Reconquista.
La imagen
La imagen de Nuestra Señora de Torreciudad es de madera de álamo que, gracias a su cuidadosa conservación a través de los siglos,
se encuentra en muy buen estado. No se hallaron restos de la policromía original y la madera ha sido tratada por expertos en trabajos de restauración,
dejando al descubierto la primitiva expresión de los restos de la Virgen y del Niño y la espléndida belleza de la talla del manto y las túnicas.
Posteriormente, se han recubierto el trono y las vestiduras, con una lámina dorada.
La escultura responde plenamente al canon románico, dando pie a pensar en su posible relación con las obras realizadas
en los talleres de Roda de Isábena, activos desde el siglo XI.
Su tipo iconográfico es el de imágenes llamadas "Majestad de Nuestra Señora" o Sedes Sapientiae, tan
difundido en la Alta Edad Media por toda Europa.
A este tipo de imágenes pertenecen también las llamadas "Vírgenes negras", llamadas así por
el tono oscuro de sus carnaciones debido a la oxidación del plomo, del albayalde, que se emplea en su policromía.
La ermita
La ermita es una antigua construcción del siglo XI, restaurada en 1969 por el Patronato de Torreciudad, que albergaba la imagen original de
la Virgen de Torreciudad hasta su traslado al santuario. En la actualidad un cuadro reproduce en el retablo
de la ermita la imagen antes de su restauración. Además de la capilla, la ermita tiene varias dependencias donde se alojan
sacerdotes.
Historia del nuevo santuario
La historia del nuevo santuario (que se abrió al culto el 7 de julio de 1975), arranca en 1956. Movido por su devoción a la Virgen y para
intensificar la práctica de la fe, Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, quiso reavivar el culto a Nuestra
Señora de Torreciudad. Un grupo de personas secundaron esta iniciativa y pusieron en marcha las gestiones necesarias para levantar el
nuevo santuario, que contó con la colaboración de gentes de todo el mundo. El arquitecto Heliodoro Dols se encargó de la
dirección de las obras, que comenzaron en 1970, terminándose cinco años más tarde.
El conjunto (explanada, santuario y edificios anejos) resulta una obra de arte arquitectónico de singulares características. Tiene la belleza de la
sencillez y la sobriedad y presenta una interpretación muy creativa de los elementos constructivos tradicionales de Aragón.
Desde los arcos de piedra que cierran, sin cerrar, la explanada y permiten ver el azul de las aguas y las cumbres nevadas, hasta los ladrillos, dan a Torreciudad
una dimensión muy familiar y humana próxima a la arquitectura del entorno.
En la explanada se celebra la Santa Misa y otros actos de culto cuando el aforo resulta insuficiente, disponiendo de un altar al aire libre, a cuya izquierda
se halla una reproducción en bronce de la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad.
Completan el conjunto:
La capilla del Santísimo Sacramento con Cristo crucificado del escultor italiano Sciancalepore y el Medallón de la
Virgen, que en tiempos pasados estaba unido a la imagen de la Virgen por una cinta.
La cripta de confesionarios dispone de 40 confesionarios repartidos
en tres capillas dedicadas a N.S. de Loreto, la Virgen de Guadalupe y la Virgen del Pilar, y una cuarta capilla dedicada a la Sagrada Familia.
Las Galerías de Misterios del Santo Rosario con representación de los 15 misterios por el artista aragonés José Alzuet.
Los Dolores y Gozos de San José ubicados en el camino que lleva a la ermita en forma de 14 cuadros de cerámica obra de Palmira Lagüéns.
El Via Crucis, situado junto a la explanada, en un camino donde aparecen las 14 representaciones en cerámica, obra de José Alzuet.
El interior y el Retablo:
En el interior del santuario, todas las líneas de la nave única se orientan hacia el retablo, cuyo centro lo forman el Sagrario y la antigua imagen de
Nuestra Señora de Torreciudad; también destaca el altar exento, cara al pueblo, cuyo frontal representa la escena del Calvario y es obra de Juan Mayné.
El crucifijo y los candeleros del altar mayor han sido realizados por Xavier Corberó, con figuras de marfil y esmaltes adosados.
El retablo se inspira en los de estilo plateresco renacentista, característicos de Aragón y llamados retablos custodia por tener en
el centro un óculo o ventana a través de la cual se ve el Sagrario, de forma que todo el retablo sirve
de custodia; este fin eucarístico condiciona su decoración.
Sobre el óculo, la Santísima Trinidad coronando a la Virgen. Debajo, Cristo clavado en la cruz y máas abajo, la imagen de Nuestra
Señora de Torreciudad en su camarín. A la izquierda, los Desposorios de la Virgen con San José, la Anunciación y la Visitación.
A la derecha el Nacimiento, la Adoración, la huida a Egipto y el taller de José.
Para seguir la tradición local, que tiene su origen en la abundancia del alabastro en Aragón y Cataluña, y por su
facilidad de labra, el retablo se hizo con material de este tipo. Fue realizado por el escultor Juan Mayné Torras, profesor de la
Escuela de Bellas Artes de Barcelona; trabajó el alabastro el taller de José Miret, en San Andrés de la Barca, y lo policromó
el de Emilio Juliá, de Gelida. El conjunto mide 9,5 metros de anchura por 14,5 de altura.
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