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Ascensión al Aneto

por Ribagorza.com

La comarca ribagorzana guarda la cima más alta de los Pirineos: el Aneto, con 3.404 metros de altitud, y el mayor glaciar de la cordillera.

La subida al más grande del Pirineo es una ascensión de las más conocidas y prestigiosas.
Es una ascensión de envergadura y se precisa, para efectuarla sin apenas riesgos, una buena preparación, material adecuado y un guía acompañante para los no habituados a evolucionar en alta montaña.

Algo de historia
Era el mes de junio de 1842 cuando llegó a Bagneres de Luchon un joven ruso, antiguo oficial del ejército, con la intención de contratar a un guía que le pudiese acompañar en la ascensión al Aneto.
Platon de Tchihatcheff no conseguiría encontrar a ninguno, y tendría que irse desengañado hacia otras zonas del Pirineo.

Hacia ya bastantes años que se había iniciado el descubrimiento y ascensión de los principales macizos del Pirineo (ya en el siglo pasado se habían realizado las primeras a algunos tresmiles de la cadena por cartógrafos), y de hecho se empezaban a conocer bastante bien las montañas más importantes.
Pero curiosamente el macizo del Aneto era prácticamente desconocido, cuando no ignorado.

Los motivos que lo explican son claros. Al estar el macizo enteramente situado en España los pireneistas franceses, auténticos pioneros, lo habían dejado de lado.
El hecho que la cumbre no se divisara desde ningún pueblo francés ayudaba aún más a este desconocimiento, y cuando se empezó a tener noticias de la posible existencia de la cumbre se afirmaba que no era la más alta ni mucho menos (el Monte Perdido fue tenido como la cumbre más alta durante muchos decenios, y los macizos de Gavarnie y Vignemale tenían un atractivo fortísimo para los franceses).

Unicamente el macizo del Posets superaría al del Aneto en el retraso en su exploración y descubrimiento.

Fue el notable cartógrafo Reboul el auténtico descubridor material del Aneto.
Cuando todo el mundo continuaba creyendo que el Monte Perdido era la cumbre más alta de la cadena se atrevió a afirmar la supremacía del Aneto, contradiciendo con humildad anteriores cálculos suyos erróneos, y lo bautizó con el nombre de "Nethou", pueblo situado a sus pies en la vertiente del Noguera Ribagorzana, aunque el nombre se descompuso y se afrancesó.

La Maladeta, por su situación mucho más evidente, ya había conocido anteriores intentos de ascensión y era más conocida.
El insigne Ramond había realizado un intento en el siglo XVII, y se sucedieron algunos más hasta que el 29 de Septiembre de 1817 Frederic Parrot (el mismo que tiene un pico secundario con su nombre en el Monte Rosa) realizaría la primera ascensión.

En la mayoría de intentos, así como en la primera ascensión y casi todas las repeticiones había participado el guía de Bagneres de Luchon Barrau, que era considerado el decano y máximo experto de la zona.
Su muerte en una grieta del glaciar de la Maladeta durante un descenso provocó una auténtica conmoción en la zona, y los nativos, ya muy temerosos de aventurarse por el glaciar, cogieron auténtico pánico a aquella montaña, que consideraban maldita.
Tuvieron que pasar dieciocho años de alejamiento sistemático de la montaña y de los glaciares hasta que se rompió el maleficio por un extranjero, el ruso que lograría la primera al Aneto.

Platón de Tchihatcheff, después de la negativa de los guías a acompañarle, fue unas semanas a Luz, donde realizó numerosas ascensiones y se hizo con los servicios del guía Pierre Sanio, bien dispuesto a acompañarle y sin los temores de los guías de Luchon.
Ambos regresaron a Bagneres, dispuestos a emprender la ascensión, y allí, mientras intentaban contratar a un guía local, tuvieron conocimiento que un botánico francés, Albert de Franquevielle, preparaba la misma ascensión.
Decidieron unir sus grupos para realizar la ascensión juntos.

Así el 18 de julio seis personas salían de Bagneres de Luchon en dirección al Aneto.
La caravana la formaban Platon de Tchihatcheff (auténtico motor de la ascensión) y Albert de Franquevielle como los "señores", los cazadores de sarrios Bernard Arrazu "Ursule" y Pierre Redonnet "Nate", y los guías Pierre Sarrio y Jean Sors, más conocido como Argarot.

Enfilaron la ruta que asciende al Puerto de Benasque por el valle del Hospice de France, descendieron al Plan de Estanys, donde tuvieron el inevitable encuentro con los carabineros españoles, y se dirigieron hacía el lugar conocido como la Renclusa de la Maladeta, ya conocido de las ascensiones a la Maladeta por los guías y cazadores, y considerado el mejor lugar para pasar la noche.

Durante la velada, la típica tormenta de verano les hizo resguardarse bajo el desplome de la roca, pero en cuanto pasó la noche transcurrió con normalidad.

El día 19 se levantó encapotado. Antes de partir discutieron por donde realizar la ascensión. Los guías, y especialmente los cazadores, no querían atravesar los glaciares, por el miedo cerval a caer en una grieta y terminar como el desgraciado Barrau, y la pareja de cazadores convenció a los demás de la conveniencia de ir por la ruta de los lagos hasta la cabaña de Vallhibierna, para pasar allí la noche, e intentar al día siguiente la ascensión por el valle de Coronas.
De esta manera, y por este motivo se realizó la primera ascensión dando un rodeo tan largo, por el sur del macizo, para evitar al máximo el glaciar.

No se ha podido determinar con exactitud el cuello por el que llegaron al lago de Cregüenya (el famoso lago Gregonio de los franceses que hasta hace bien poco tantas confusiones ha creado), lugar que encontraron enteramente helado y les impresionó grandemente, y por el collado de Aragüells, descendieron hasta la cabaña de Vallhibierna, donde pasaron una apacible noche.

El día 20 se despertaron a las tres de la madrugada y a las cuatro ya estaban en camino hacía el valle de Coronas.
En el lago superior los guías dejaron parte de la impedimenta y los señores se calzaron los crampones, pues a partir de allí empezaba la nieve.
El día era estaba tapado y la niebla cubría las cumbres.
Con pocas dificultades alcanzaron a las ocho de la mañana el Collado de Coronas, donde les recibió un gélido viento y el diminuto lago que algunos años se forma allí.

Los cazadores, en su fijación por evitar el glaciar, intentaron con los guías la ascensión por la arista rocosa, pero después de un intento juzgaron las dificultades superiores a sus fuerzas , y se resignaron a pasar por el glaciar.
Encordados los seis miembros de la caravana con una sola cuerda, entre la niebla y con constantes desfallecimientos del ruso, iban ascendiendo con menores dificultades de las previstas, hasta que creyeron haber alcanzado la cumbre, cuando una momentánea mejoría del tiempo, les desengañó.

La auténtica cima estaba unos metros más adelante, separada por un cortante arista rocosa.
Aquí los guías, que sólo desde el collado habían podido tomar la iniciativa, afrontaron la última dificultad e hicieron pasar a todos los miembros de la cordada hasta la definitiva cumbre, sin mayor peligro.

El mal tiempo persistía y no se entretuvieron mucho. Los señores realizaron apresuradas mediciones barométricas, y los guías levantaron una pirámide de piedra, donde dejaron una botella con sus tarjetas.
El largo descenso les esperaban y sin mayor dilación se dispusieron a emprenderlo.
Tchiatcheff intuía la ruta del glaciar como la más corta y cómoda hasta la Renclusa, pero la negativa de los cazadores a afrontar los peligros de dicha travesía y la excusa de tener que recoger el material abandonado en el lago de Coronas, le hicieron ceder y regresaron por el mismo camino de la ascensión.

Aquella noche la pasarían en la Renclusa, y al día siguiente llegarían a Luchon como verdaderos héroes.

Hacía 68 años que se había realizado la primera ascensión a un tres mil de los Pirineos, y unos cuantos de las primeras a las principales cumbres conocidas, cuando se realizó la primera al Aneto, la máxima altura de toda la cadena, dando un rodeo exagerado y sin ninguna dificultad aparente.
Había sido necesario que un extranjero hubiera podido superar los miedos locales para conseguir una ascensión de lo más fácil.

El mismo Platon de Tchihatcheff realizaría la segunda ascensión, inagurando la que sería la definitiva vía normal.
A los pocos días de la primera volvía a partir, junto con Albert de Franquevielle, hacia la Renclusa, con la intención de realizar una serie de experimentos científicos y reconocer la ruta del glaciar norte. Mientras Franquevielle se quedada en la Renclusa realizando las mediciones barométricas, el ruso volvía a alcanzar la cumbre, otra vez con niebla, por el glaciar septentrional, inagurando la ruta más frecuentada de todo el macizo.

La tercera ascensión no se realizaría hasta dos años más tarde, por Lezat, quien marcaría los cánones.
Salida de Luchon a media mañana, noche en la Renclusa, y al día siguiente cumbre por el glaciar y regreso a Luchon al anochecer.
Durante prácticamente un siglo esta sería la estructura ordinaria de todas las ascensiones.

A partir de entonces el Aneto entraría en la rueda de divulgación y popularización de las cumbres del Pirineo.
Aún con excesiva lentitud los primeros años, pero luego con un ritmo frenético, la montaña contemplaría el paso de todos los nombres ilustres y de la evolución de la técnica y de las mentalidades.

Russell, antes de quedar prendado por el Vignemale, se enamoraría del macizo.
Realizó la primera ascensión en solitario y el primer bivac en la cumbre, amen de muchas otras excursiones, e incluso intentaría comprarlo.
Packe realizaría asimismo numerosas ascensiones y una importante labor de exploración. Brulle iniciaría aquí sus fantásticos recorridos por crestas, y los hermanos Cadier consegurían su primera como grupo.

En Francia la ascensión al Aneto se convirtió en una gran clásica y todo turista termal de Bagneres de Luchon que pretendiere ser alguien en la sociedad local veraniega tenía que intentar su ascensión.
Reflejo de aquel momento es un curioso librito apologético de Henry Spont, titulado simplemente Le Néthou, donde describe la excursión, el horario y el material aconsejable.
Exagera la facilidad y sencillez de la ascensión y las bondades de la montaña y hoy el tono de la obra se nos antojaría cursi y pasado de moda, pero su amabilidad y cordialidad son el reflejo de una época y de una sociedad.
Relata anécdotas y curiosidades y advierte de la purificación espiritual que supone cruzar el Paso de Mahoma.

El continuo trasiego de franceses por los altos collados animó a un habitante de Benasque a instalar una cabaña junto al puerto de Benasque para ofrecerles comida y alojamiento.
En poco tiempo se haría célebre esta cabaña y su no menos legendario guarda, Francisco Cabellud.

La presencia de los españoles fue muy tardía, y cuando llegaron poco terreno les quedaba virgen.

Tradicionalmente el comercio por los altos collados era habitual (el antiquísimo Hospital de Benasque es el único testimonio que nos queda del paso de aquellos atrevidos viajeros y comerciantes que no se atrevían a mirar las montañas más que como un lugar de peligro y dificultad) pero las nefastas comunicaciones por Aragón dificultaban mucho la aproximación a la base de la montaña.
Hasta bien entrado el siglo XX la aproximación para los españoles pasaba por Bagneres de Luchon o el valle de Arán.

La primera nacional la conseguirían los hermanos Harreta en 1855, con el guía Michot (Lamentablemente estos montañeros no han pasado a la historia y son unos auténticos desconocidos, a pesar de tener otro importante récord, como es la primera estatal al Montblanc en 1864).
A partir de entonces se irían sucediendo las ascensiones, especialmente por los catalanes.
Los nombres de Juli Soler y Santaló, Estasen y su grupo, y muchos otros, escribirían páginas notables en la historia de esta montaña.

A medida que se acrecentaba el movimiento de turistas y montañeros se hacía cada vez más patente la necesidad de contar con un alojamiento que reuniera unas mínimas condiciones para albergar al número creciente de personas que aumentaba año tras año.
Ya entrado el siglo XX el catalán Juli Soler y Santaló, uno de los mejores conocedores del Pirineo de Huesca de su tiempo, se propuso la construcción de un gran refugio en la Renclusa.

Bajo el amparo del Centre Excursionista de Catalunya, fue el auténtico motor de una obra tan dificultosa y superando todos los inconvenientes consiguió dotar a aquel rincón de una construcción que no tenía nada que envidiar a las francesas.

La vigilia de la inaguración del refugio, cuando se preparaba un acontecimiento festivo y alegre, sucedió uno de los accidentes más célebres en la historia del macizo.
El día anterior a la inaguración Mossèn Jaume Oliveres junto con el guarda del refugio, José Sayo, y dos alemanes, hicieron la ascensión al Aneto.
El mal tiempo que les había acompañado se desencadenó en la cumbre, y mientras cruzaban el paso de Mahoma de regreso un rayo alcanzó al guarda y al alemán Blass.
Los otros dos se salvaron por los pelos, pero aquellas muertes frustraron la inaguración solemne del refugio y causaron una auténtica conmoción en Benasque y Barcelona.

Hoy en día la ascensión por la vía normal está al alcance de casi todo el mundo, y en verano y fechas señaladas hay colas en la Paso de Mahoma, pero en todo el macizo quedan suficientes aristas, cumbres y paredes para que todos los alpinistas puedan disfrutar de la alta montaña como sólo se disfruta en aquellos macizos del Pirineo más selectos.

Ascensión al aneto
Altura: 3.404 m.
Recorrido subida: 5h. 30´
Desnivel: 1.514 m.
Dificultad: Alta.
El punto de partida será el aparcamiento de La Besurta, a donde llegaremos tomando desde Benasque la comarcal A-139 y desviándonos a la altura del km 71 hacia el Hospital de Benasque donde parte una pista asfaltada que nos conducirá allí en 4 km.

Atravesar el arroyo y seguir por la pista para tomar luego un sendero (indicador) que asciende por el fondo del valle.
Muy marcado y frecuentado lleva sin problemas al refugio de La Renclusa (2.140 m.) en 45’.

Es preferible acampar el día anterior e iniciar de madrugada la ascensión hasta el refugio de la Renclusa o haber pernoctado en él.
Al poco de salir del refugio tenemos dos opciones, desviarnos en dirección a la cresta de los Portillones (hacia el norte) o seguir por el roquedal (nornoreste ) hasta el pie del Portillón Superior (2.980 m.), itinerario mas común.


Con la cresta montañosa justo a nuestra izquierda, y sin cruzar el torrente, se sube por una zona rocosa en fuerte pendiente y entre bastantes piedras, por lo que a veces no está bien definido, pero los abundantes hitos (montoncitos de piedras) nos guían sin dificultad siempre para arriba.

Tenemos que continuar ganando altura con la cresta siempre a la izquierda sobre nosotros, y el valle abajo a nuestra derecha.
Alcanzamos el Portillón inferior (2.761m.), un paso natural entre los dos lados de la agreste cresta que baja de Las Maladetas y que llevamos todo el camino a nuestra izquierda, pero seguimos de frente por el mismo lado.

Observamos ya el glaciar Norte de las Maladetas, muy retirado y con muy poca nieve y bastante hielo.
Seguimos subiendo por la zona de grandes bloques de roca para no complicarnos con el hielo del glaciar que se encuentra abajo a nuestra derecha.

Llegaremos al portillón superior (2.908m.) por el que cruzaremos al lado del Aneto y que ya nos permite ver al fondo todo su espectacular glaciar, además del Aneto, el pico Coronas y el pico del Medio. 3h00’

Se recomienda una parada en este lugar, veremos una de las mas impresionantes imágenes del Pirineo, el Glaciar del Aneto coronado por él mismo.
En total se emplean unas dos horas.

Una pequeña desgrimpada deja en el inicio del glaciar (según temporadas con más o menos nieve).
Que no aparente dificultad no debe hacernos bajar la guardia, el hielo, la niebla o cualquier otro accidente atmosférico puede hacernos una mala pasada.
Son recomendables crampones y piolet y, según la experiencia, ir encordados.

A buen seguro que los centenares de montañeros que por allí pasan, habrán dejado innumerables trazas en el hielo, está bien seguir la que dé más confianza y sin abandonarla, según en que épocas podemos encontrarnos con seracs (grietas en el hielo) escondidos por nevadas recientes; no olvidar que han dado mas de un susto.

Atravesando el glaciar llegaremos a los pies de la Cresta del Medio, coronada por los picos de Enmedio, Astorg, del Medio, Coronas y Tuca del Collado Coronas. 4h45’.

En el Collado de Coronas (3.170 m.) puede hacerse una parada para recuperar ánimos y atacar el nevero que conduce hasta el pico secundario, Punta Oliveras Arenas (3.298 m.).
Se trata de una cornisa de hielo por la que se asciende siguiendo la base de la cresta por una pendiente empinada hasta alcanzar la base de la pedrera de la antecima, donde quitamos los crampones. Conviene recordar que es imprescindible el uso de crampones, hasta llegar a la roca desnuda. 5h15’.

Se sube sin dificultad ni mucha pendiente por la zona de piedras, para llegar en unos diez minutos a la precima del Aneto donde podemos dejar las mochilas y crampones. 5h25’.

A continuación hay que cruzar la estrecha y aérea cresta llamada “Paso de Mahoma”, que une la antecima con la cumbre del Aneto.
Es un trecho corto y estrecho, (10-15 metros), pero bastante aéreo y expuesto en el que tendremos que usar las manos para asegurarnos mientras pasamos muchas veces a caballo con una pierna en una vertiente y otra en la contraria.
Impresiona un poco, no en vano se ha escrito mucha literatura sobre este paso, aunque en principio no debe representar ningún problema.

Una vez cruzado el “Paso de Mahoma” llegaremos inmediatamente a la cima del Aneto (3.404m.). Tenemos abajo, a nuestros pies, el lago de Coronas. También unas inmejorables e impresionantes vistas de casi todo el Pirineo. 5h30’

Para el descenso, de nuevo Mahoma, y para volver es muy recomendable desviarse en dirección nordeste hacia Aigualluts por el torrente de Barrancs y llegar al forau d’Aiguallut con la impresionante vista del Aneto al fondo y el sumidero donde desaparecen las aguas del río, para aparecer de nuevo en la Val d'Aran. Bajando después hasta la Besurta. (La ruta a Aigualluts está descrita en otro artículo de esta web).

Bibliografía
El Aneto y sus hombres, Jean Escudier, CEC.

   
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