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Estructura y partes de un recinto fortificado

Los castillos y recintos fortificados que encontramos en la comarca, al contrario que los ubicados en zonas más llanas y reconquistadas posteriormente, responden en su mayoría al criterio de castro roquero (castrum), concebidos como casa-fortaleza del señor, teniente de las tierras que los circundaban, y alzados con un fin primordialmente de defensa, debido a las abundantes guerras territoriales.

La combinación de las funciones de casa y fortaleza de estos recintos (no olvidemos que se trata de los primeros castillos construidos entre los siglos IX y XIII), era una forma más primitiva de erigir las construcciones que en siglos posteriores, debido al problema de la celeridad necesaria en consolidar el asentamiento, prestándose por ello menos atención a la habitabilidad que a la defensa.

Por supuesto, la espectacularidad y el tamaño de los castillos de nuestra comarca (antiguo condado), no debemos buscarla, por tanto, en parámetros de simetría y magnitud como los que podemos encontrar en otras zonas menos escarpadas de nuestra geografía y consolidadas posteriormente.
La factura y presencia de los castros roqueros nos deslumbra por sus emplazamientos, antigüedad y estrategia constructiva, que permitía ir ganando valles transversales y organizando tras de sí un territorio para el cual se estaba escribiendo una nueva historia.




   
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