Esmaltes
En la heráldica española existen sólamente siete esmaltes básicos: 2 de metal y 5 de color. Se incluyen dentro de los esmaltes los llamados forros. Estos llamados forros no constituyen muebles o figuras y mucho menos piezas, siendo tratados dentro de los esmaltes.
En el gráfico siguiente se ven los esmaltes o tinturas básicos de la heráldica española. Estos esmaltes se dividen, como ya se ha dicho, en metales y colores. Recuérdese la primera regla heráldica, relativa a no poner metal sobre metal ni color sobre color. Quepa señalar que existen tratadistas que al color púrpura lo tratan como metal, con la consiguiente permisión de poder colocar este tinte sobre los correspondientes a colores. No obstante, la gran mayoría considera al púrpura color y no metal.
Se incluye dentro del gráfico la representación de los esmaltes que ideó en el siglo XVII el padre Silvestre Petrasanta (o también de la Pietra Santa), S.J., para las ediciones en blanco y negro, que utilizó en su obra
«Tesserae Gentilitiae ex legibus Fecialium descriptae» (Roma 1.638), sistema que terminó prodigándose en los incunables de la época en los que se representaban escudos de armas.
Forros
Los forros lo componen los armiños y los veros.
Armiño. Mamífero carnívoro de unos 15 a 30 cms. de longitud, de piel castaña más clara en el vientre, y que en climas fríos cambia su pelaje en invierno a color blanco, salvo la punta de su cola, que es siempre negra. Su piel siempre ha sido muy preciada, y en la Edad Media era típico como signo de riqueza ostentar en el escudo colas de armiño.
Ello pasó a la heráldica mediante la representación gráfica que aparece en el gráfico, si bien, existen variantes en la forma de diseñar estos armiños, aunque son siempre fácilmente identificables en su forma.
El armiño es siempre de color sable y va casi siempre también sobre plata. Ocasionalmente se puede encontrar el llamado contraarmiño, muy raro en la heráldica española, y que consiste en armiños de plata en campo de sable.
Veros. Llámase así al esmalte de plata y azur que se diseña cubriendo el interior de un campo o pieza. El origen de este forro es desconocido. No obstante, algunos tratadistas los justifican en que representan la punta de algún arma (flecha o lanza), otros ven en ellos la representación de cascos de la época, otros la simbología de campanas, otros los relacionan con vestiduras de la época y otros, quizá los más, mantienen que fue una forma caprichosa, aunque muy extendida, de tintar.
Cuando los veros se invierten, esto es con el vértice hacia la punta del escudo, se les llama contraveros. Otra modalidad de los veros son los llamados veros en ondas u ondulados. Son de origen anglo o galo, y por ende, poco usuales en la heráldica española. Estos veros en onda, según coinciden la mayoría de los tratadistas, tienen su origen en el capricho del diseñador.