En los Pirineos centrales se extiende una zona de transición lingüística entre el catalán, por una parte y el aragonés y castellano regional de Aragón, por otra, que corresponde al histórico condado de Ribagorza. Dicha zona, limitada al norte por el macizo de la Maladeta y la frontera política con Francia, al sur por la comarca de Litera y por el Somontano, comprende una franja oriental de la provincia de Huesca y otra occidental de la provincia catalana de Lérida.
Esta afirmación requiere sin embargo, dos puntualizaciones:
- ni desde el punto de vista histórico ni desde el geográfico, ni tampoco desde el lingüístico, existe una definición exacta y comúnmente aceptada de lo que hay que entender por Ribagorza
- incluso si atribuimos a Ribagorza la mayor extensión geográfica posible, hay fenómenos de transición y de influencia recíproca entre el catalán, por una parte, y el aragonés o castellano regional de Aragón, por otra, que sobrepasan los límites de Ribagorza y se dan, por ejemplo, también en el sur, en la Litera y la zona de Fraga, y en el este, en el Alto Pallars. La mayoría de estos fenómenos, sin embargo, se pueden llamar "ribagorzanos" ya que su zona de mayor difusión es la Ribagorza.
Las hablas ribagorzanas corresponden, en cuanto a su extensión, esencialmente a tres cuencas hidrográficas: al oeste, la del río Esera, hablas netamente aragonesas, pero influídas por el catalán; en el centro, la cuenca del río Isábena, la zona de transición propiamente dicha, pero con hablas fundamentalmente catalanas (en el sur del valle del Isábena incluso hablas mixtas); y al este la cuenca del río Noguera Ribagorzana y de su afluente, la Noguera de Tor (o Valle de Bohí), con hablas catalanas, influídas por el aragonés.
En la misma zona de transición (Valle del Isábena) es casi siempre posible atribuir cada habla local al aragonés o al catalán, con pocas excepciones de verdaderas hablas mixtas (que, según los criterios que se apliquen, se podrían atribuir al catalá, o al aragonés, respectivamente), como ocurre por ejemplo con el habla de Laguarres.
Debido a esa posibilidad de clasificación de las hablas locales como catalanas o aragonesas, se puede hablar (a pesar de todos los fenómenos de interferencia, mezcla, etc.) de una frontera catalano-aragonesa.
Este término exige a su vez, una puntualización, ya que no se trata de una frontera entre dos lenguas de cultura con una alto grado de codificación, sino que la situación es mucho más compleja desde el punto de vista sociolingüístico.